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Actualidad en los mercados

A la espera de la renta fija

Los mercados bursátiles, instalados en sus máximos históricos, han tenido una volatilidad muy baja en agosto. Uno de los escasos temas que está llamando la atención de los inversores es la subida de los tipos de interés de largo plazo y la consiguiente caída del precio de los bonos. Por una parte, no es un fenómeno nuevo, ya que esta situación persiste desde hace unos seis años. Por otra parte, y pese a la misma, los tipos de interés a 10 años siguen situados por debajo de su media histórica del 5%, y siguen también por debajo de los niveles de entre un 4,5% y un 5%, que son los compatibles con las actuales tasas de inflación subyacentes de las principales economías. Los tipos de interés a 10 años del 3% en Japón, del 3,38% en Alemania, del 3,83% en España, o del 4,81% en Estados Unidos, por ejemplo, tienen pues aún un importante margen de subida. Difícilmente estar a medio camino de la ida a la normalidad constituye amenaza alguna.

El tema de fondo es otro. El inversor se pregunta, ¿cuándo volverá a ser la renta fija una buena opción inversora? En la última década, la rentabilidad anualizada del índice más representativo de renta fija ha sido negativa. El Bloomberg Global Aggregate Total Return, en euros, que recoge la inversión en la renta fija más segura, la de grado de inversión, ha proporcionado una rentabilidad anualizada del -0,23%. Toda una década perdida. Incluso observando los últimos veinte años vemos que la rentabilidad anualizada ha sido muy baja, del +2,12%. La renta variable ha sido la clara ganadora, proporcionando una rentabilidad diferencial sobre la renta fija que ha superado, en mucho, a la media histórica del +5,2% anual que la renta variable consigue en exceso sobre la renta fija.

Si bien, a pasado, estos tipos han subido, a futuro deberían subir aún más, demorando pues en el tiempo el momento óptimo de entrada en renta fija. Sin duda acabará llegando. Me recuerda un poco al típico debate de sobremesa sobre la solución al colapso de la autopista AP-7, que se puede centrar, si la mirada es hacia el pasado, en la reinstauración de los peajes, o bien, mirando al futuro, en la ampliación de tres carriles a cuatro o cinco entre Cardedeu y Vilafranca del Penedès, como mínimo. Pasado frente a futuro, un debate tan apasionante como inacabable.

Artículo publicado en La Vanguardia el domingo 6 de septiembre de 2026.