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Actualidad en los mercados

Exuberancia racional

Cuando Gaudí, el arquitecto de Dios, murió, el 10 de junio de 1926, Alan Greenspan tenía escasamente tres meses de vida. El primero forma ya parte de la historia por su obra inspiradora de alcance mundial. El segundo, que nos acaba de dejar, pasará a la misma por unas palabras pronunciadas el 5 de diciembre de 1996: “Exuberancia irracional”. Al decirlas, la figura financiera más influyente del mundo, el presidente de la Fed, reconocía públicamente que la psicología colectiva puede llevar a los mercados muy lejos de sus valores fundamentales. Casualidad o no, pocos años después empezaron a llover premios Nobel de Economía a los partidarios de las denominadas finanzas conductuales, que hasta ese momento habían permanecido al margen. El índice Nasdaq triplicaría aún su valor después de sus famosas palabras, hasta colapsar tres años después, en marzo del 2000.

La empresa SpaceX, recientemente cotizada, salió a 135 dólares la acción, superó los 200 dólares al tercer día de cotización y cayó hasta los 154 dólares al sexto día. Se trata de una empresa que no se puede valorar por fundamentales, a la cual han acudido tres tipos de inversores. Bien los que idolatran a Elon Musk, bien los oportunistas que quieren aprovechar el momento, hasta que venzan los lock up periods o periodos mínimos que los accionistas originales deben esperar para vender acciones, o bien los gestores pasivos, los indexados.

¿Estamos ahora, de nuevo, en tiempos de exuberancia irracional? Rotundamente no, ya que, pese a las subidas, no es complicado hoy encontrar empresas de calidad aún muy baratas. Podría ser cierto para algún subsector específico, como los centros de datos. Algunas empresas relacionadas cotizan como si la actual vorágine constructora fuera a tener una continuidad casi infinita. Es suficiente con mantenerse al margen.

Se aventuran unos tiempos muy buenos para la gestión activa, la que selecciona las empresas en las que invierte, uno de los principios básicos de la cual es el de no invertir nunca en empresas sobrevaloradas. La gestión pasiva va a sufrir siempre todas las burbujas parciales habidas y por haber, una vez tras otra. Para la gestión activa, en cambio, estos son tiempos de una exuberancia bien racional, en los que la selección de empresas tiene todo el sentido y oportunidad.

Artículo publicado en La Vanguardia el domingo, 28 de junio de 2026.