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Anticipar una crisis bancaria, en un escenario de tipos de interés subiendo, es tan descabellado como pronosticar una crisis de las petroleras cuando los precios del barril de petróleo sean muy altos. El caso del Silicon Valley Bank es, en realidad, un corolario de la caída de la burbuja tecnológica del 2022, la cual, empresas tecnológicas aparte, afectó también al capital riesgo y al private equity que había invertido en ellas. El caso del Credit Suisse, sobradamente conocido ya con anterioridad, es fruto de una gestión gerencial muy agresiva sostenida en el tiempo, que le ha provocado unas fuertes pérdidas en un momento en que el resto de bancos está obteniendo unos beneficios muy elevados. Ninguno de los dos representa al sector bancario. Los bancos centrales no se han confundido, y han seguido subiendo los tipos de interés, priorizando la lucha contra la inflación, que es el objetivo real del cual no deben desviarse. Las bolsas han reaccionado muy bien, con una volatilidad bajo control en todo momento.

Debemos centrar ahora la atención, en primer lugar, en los servicios, cuya fortaleza evidencia la predisposición de los consumidores a actuar como si no existiera un mañana, imposibilitando recesión alguna. En segundo lugar, debemos vigilar de cerca el mantenimiento de las bajas tasas de paro en todo el mundo desarrollado, que garantizan la financiación de este apetito consumidor. Finalmente, debemos monitorizar estrechamente los márgenes empresariales, que se mantendrán elevados mientras las empresas no repercutan en sus precios de venta los descensos de costes que han tenido ya.

Servicios, paro y márgenes, este es el triunvirato que gobierna actualmente los mercados.

 

Artículo publicado en La Vanguardia el domingo 26 de marzo de 2023.