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Actualidad en los mercados

Los mercados, en alerta: ¿tambalean las empresas de la IA?

La cuestión no es si la IA o los centros de datos tienen futuro, sino si serán capaces de obtener los rendimientos que se esperan hoy en los primeros años de funcionamiento

En los últimos días, muchas de las empresas relacionadas con la inteligencia artificial, los operadores de centros de datos o los hiperescaladores, que ofrecen servicios de computación en la nube a gran escala, han tambaleado. Lo han hecho o bien mediante las cotizaciones de sus acciones, que han caído, o bien mediante el precio de sus Credit Default Swap (CDS), que han subido.

El pasado viernes, día 30 de octubre, la cotización de la empresa Intel se precipitó un -28,6% en una sola jornada. Desde los máximos de su cotización, que hizo el pasado 22 de junio, donde superó los 140 dólares la acción, ha caído un -56,0%. Poco más de cuatro meses después, cotiza por debajo de 62 dólares. Sin embargo, dado que cerró el año 2025 a 36,90 dólares, sube todavía, desde principios de año, un 68%.

No es un caso aislado. El pasado jueves, día 29 de octubre, la cotización de la empresa Alphabet (Google) descendió un -12,6%. Desde sus niveles máximos del mes de mayo ha caído un -29,4%. Desde finales del año 2025 lo ha hecho un -9,2%. Por otro lado, Meta cotiza ahora un -21,1% por debajo de los máximos que alcanzó el pasado 24 de septiembre, y este año lleva atrasado un -7,0%. Microsoft, a su vez, acumula una subida exigua del 7,3% en estos once meses, mientras que Amazon ha repuntado un magro 8,2% en el mismo periodo. Por otro lado, Nvidia ha caído un -14,0% respecto a sus máximos de principios de octubre, aunque todavía crece un 10,3% desde finales del año 2025.

De la misma manera, el CDS, o derivado financiero que funciona como una especie de prima de seguro que se paga contra el riesgo de que un deudor no pague su deuda, también ha subido de precio. El CDS a cinco años de Coreweave, una empresa de plataforma cloud, ha pasado, desde principios de año, de 769 a 1.087. El de Oracle, de 144 a 295. El de Meta, de 55 a 124. El de Alphabet, de 38 a 90. El de Microsoft, de 25 a 58. En definitiva, la probabilidad de que de aquí a cinco años estas empresas no puedan devolver su deuda ha aumentado. Y no quiere decir que no puedan devolverlo, sino, sencillamente, que al inversor que quiere comprar protección contra esta eventualidad, esta le cuesta más cara.

¿Qué está pasando? Los mercados no están juzgando el futuro de la IA, que está fuera de toda duda razonable. Lo que está sucediendo es, en primer lugar, que en todo el mundo se están construyendo simultáneamente muchos centros de datos, esos edificios que alojan servidores, redes y sistemas de almacenamiento. Todo ello ha supuesto un aumento espectacular y repentino de la oferta. Al mismo tiempo, las inversiones son ingentes y crecientes y, por ahora, se considera que el pico máximo de la inversión será el año 2028.

En segundo lugar, muchas de las empresas que lo están haciendo, a pesar de generar una caja operativa de su negocio que está a niveles de máximos históricos, están destinando a estas inversiones unas cantidades aún más altas que las que generan. En el período 2026 a 2028, empresas como Alphabet, Amazon o Meta, por ejemplo, destinarán más dinero del que facturan y, por lo tanto, se endeudarán para hacer estas inversiones. En otras palabras, empresas como estas comprometerán toda la caja que generen, y un poco más, a una sola carta.

La hemeroteca está llena de novedades tecnológicas que han sido muy buenas a largo plazo, pero con unos primeros años tan malos que muchos inversores se arruinaron

La cuestión no es si la IA o los centros de datos tienen futuro, que lo tienen. La cuestión es si en los primeros años de funcionamiento serán capaces de obtener los rendimientos que se esperan hoy. La hemeroteca está llena de novedades tecnológicas que han sido muy buenas a largo plazo, pero que han tenido unos primeros años tan malos que fueron muchos los inversores —no necesariamente solo accionistas, sino también muchos de ellos bonistas— que se arruinaron. Hablo de casos como los ferrocarriles en Estados Unidos, el canal de Suez, el canal de Urgell, Internet, la construcción residencial que se hizo a principios de los años 2000 en países como España o Estados Unidos, o la que se hizo en China antes de 2021, etc. Un aumento de la oferta muy pronunciado, muy a menudo relacionado con un avance tecnológico importante, muchas veces ha generado una problemática muy grave cuando los primeros años no ha tenido la demanda esperada, por mucho que a largo plazo esta esté más que asegurada.

Lo habitual es que las problemáticas de una demanda hipotéticamente insuficiente no salgan mientras el grueso de la infraestructura se esté construyendo, sino una vez esta ya ha sido mayoritariamente hecha. La hora de la verdad, pues, no son tanto los años 2026, 2027 y 2028, como los posteriores. Así, estas empresas se la tendrían que jugar entre los años comprendidos entre 2029 y 2033. Será entonces cuando se testeará la demanda, que se traducirá en capacidad utilizada de los centros de datos. Si en aquellos años es más baja de la prevista, la decepción será muy grande, y las pérdidas pueden ser ingentes.

¿Por qué ahora?

La pregunta es, pues: si todavía no es la hora de la verdad, ¿por qué estas fuertes idas y venidas de las cotizaciones y de los precios de los CDS que se están produciendo hoy? Tiene que ver, sobre todo, con la percepción de los inversores. Estos bien saben que todo esto se resolverá más adelante. El caso es que, a veces, los inversores se sueltan y minimizan estos riesgos, a pesar de estar dispuestos a pagar mucho por estos beneficios futuribles. En cambio, otras veces están más en modo realista y prefieren pagar más por los resultados ciertos actuales que por unos futuros muy grandes.

Lo que está pasando ahora responde, sobre todo, al estado de ánimo de los inversores, que es —y seguirá siendo— ciertamente volátil

Estamos ahora en plena campaña de presentación de resultados del tercer trimestre del año. Los inversores ven cómo, en el conjunto de empresas cotizadas de Estados Unidos, las ventas están creciendo un +13,6% y los beneficios un +29,3% respecto al año pasado, y que están superando las expectativas que había. En Europa, las ventas crecen un +12,0%, y los beneficios un +35,5%. Igualmente, superan también las expectativas previstas. En este contexto, no es de extrañar que haya inversores que prefieran la inversión en empresas que ya son una certeza hoy. Es aquello de “más vale pájaro en mano que ciento volando”, o de “más vale Torre-feta que Castell-serà”.

En definitiva, pues, si bien no tambalea la IA, sí que pueden hacerlo muchas de las empresas que se dedican a ella y que dependen fuertemente de ella. En cualquier caso, no es ahora, la hora de la verdad. Lo que está pasando ahora responde, sobre todo, al estado de ánimo de los inversores, que es —y seguirá siendo— ciertamente volátil.

Artículo publicado en VIAempresa el miércoles, 4 de noviembre de 2026.