El dividendo como atractivo

Borja Ribera. Asesor de Patrimonios

El pasado mes de marzo, durante el anuncio por parte del Banco Santander de su nuevo plan estratégico, éste anunció que tienen establecido un aumento del payout hasta el 40-50% (VS 30-40%). Sin duda, marca la tónica para los demás valores del Ibex 35.

Aprovecho este titular para esclarecer diversos conceptos para el inversor.

  • El dividendo es la retribución al accionista y se decide en Junta general cual será el dividendo del año.
  • Hay dos tipos de dividendos: ordinario y extraordinario. El ordinario hará referencia al reparto de los beneficios de un ejercicio, mientras que el extraordinario, como su propia palabra indica, surge delante de algún acontecimiento extraordinario (venta de algún activo, o simplemente, para premiar a los accionistas). El dividendo extraordinario no tiene relación con la cuentas del ejercicio.
  • Otro concepto que debemos tener claro a la hora de entender el dividendo es el llamado payout, ya que marcaremos qué porcentaje de nuestros beneficios debemos destinar a retribuir a nuestro accionista y el sobrante lo reinvertiremos en nuestra empresa para poder seguir creciendo y poder mantener así nuestro ritmo de crecimiento.

Como podrá comprender el lector, es sumamente complejo decidir este porcentaje, ya que debemos satisfacer las expectativas del accionista pero también debemos invertir en la empresa para poder sostener estos resultados positivos durante el futuro.

Hay muchos ejemplos en cuanto a qué política tomar respecto a esta decisión, pero me parece llamativo resaltar el caso de Telefónica.

Telefónica, durante los años 2005-2015, mantuvo una política de retribución al accionista muy alta, llegando a pagar al accionista 50.000 millones de euros durante esta década. Esta retribución al accionista hizo que Telefónica fuera de los valores más atractivos para los inversores rentistas y captó de esta manera a un gran número de inversores, pero también conllevó una gran deuda, derivada principalmente del pago de esta partida. Se llegó un punto en el cual la compañía no era capaz de generar los beneficios para pagar estos dividendos y se endeudaba para poder cubrirlos, hasta que en 2015, y con el aplauso de los analistas, se decidió disminuir drásticamente el dividendo y empezar a amortizar la deuda generada durante este periodo de oro de pago de dividendos.

Actualmente nos encontramos en un periodo curioso. Durante el 2018, el Ibex bajó un 15%, mientras que los resultados empresariales del mismo año han subido de forma significativa, ¿cómo podemos entender esta dicotomía? No existe una única respuesta para este hecho, pero si hay una de ellas, que mantienen el consenso de analistas y la mía propia que justifica gran parte de esta situación: la falta de confianza del inversor, ya que este cree que la recesión debe llegar a corto plazo y como principal explicación porque llevamos 8 años consecutivos en crecimiento.

Dado este panorama, las empresas del Ibex parece que tienen un claro objetivo: ser uno de los índices bursátiles con mayor retribución al accionista a nivel mundial

Dada la infravaloración de los precios bursátiles del selectivo español y el aumento generalizado de los beneficios de las mismas, se ha creado un entorno propicio para que sea así. Es por ello que a inicios del año 2019 el Ibex 35, ofrece una rentabilidad por Dividendo del 5%, siendo atractivo no sólo para el inversor nacional sino para el inversor internacional, gran objetivo de nuestras empresas.




Inversiones alternativas

Jesús Muela. Subdirector General de GVC Gaesco Beka

Vivimos en un mundo complejo, qué duda cabe. Las regiones emergentes crecen a tasas anuales elevadas y las áreas desarrolladas apenas sí mantienen crecimientos positivos. Las expectativas de recesión nos sacuden periódicamente, unas veces con más y otras con menos virulencia. El impacto sobre las expectativas de los agentes económicos de los cambios políticos es frecuente y notable. España y Europa probablemente no hayan salido todavía de la crisis.

El crecimiento de la economía europea se ha basado (y se basa a juicio de muchos) en el suministro infinito de liquidez por parte del banco central

La situación descrita con anterioridad determina un contexto poco corriente para el ahorrador: los mercados de renta fija presentan riesgos importantes asociados a la sobrevaloración del precio de los activos y, los mercados de renta variable están sometidos, en mayor medida que los mercados de bonos, a la incertidumbre derivada de la evolución de las variables que afectan al balance y la cuenta de resultados de las empresas.

La mayor parte de los ahorradores no busca una rentabilidad extraordinariamente elevada, esto es, no son capaces de asumir riesgos importantes y, por lo tanto, no son inversores naturales en los mercados de acciones. Puesto que los inmuebles y la renta fija canalizan la mayor parte de los fondos de los ahorradores, en un entorno donde la compresión de las rentabilidades es elevada y no es posible mantener el valor del dinero a través de una imposición en una entidad de depósito, las posibilidades de la mayor parte de los inversores son limitadas.

Las denominadas inversiones alternativas tienen más sentido que nunca y están ganando peso en las carteras de los ahorradores

Aprovechar una oportunidad inmobiliaria, invertir en una instalación de energías renovables, intervenir directamente en los mercados de deuda a través del préstamo directo con riesgo controlado o invertir en el capital de empresas con potencial de crecimiento y líderes en su sector de actividad constituye una aproximación cada vez más cercana a las necesidades del ahorrador.

El exceso de liquidez también presiona al alza el precio de los activos no cotizados, como no puede ser de otra forma. Sin embargo, en las actuales circunstancias, la probabilidad de capturar oportunidades en los mercados no organizados es quizá mayor, pues la competencia, aunque no es poca, es menor que en los mercados organizados. Adicionalmente, las ineficiencias es los mercados no organizados suelen ser más amplias y tardan más en corregirse.

Las inversiones alternativas tradicionalmente se han nutrido de fondos aportados por inversores institucionales, pero cada vez más el inversor de tamaño medio considera esta posibilidad.

Nuevas y mejores formas de financiar las empresas constituye una herramienta magnífica para que éstas refuercen su estructura de capital, crezcan y se conviertan en compañías mayores, más rentables, más competitivas y generadoras de empleo de calidad. Probablemente por ello, y porque hay dinero a ganar,  buena parte de aquéllos que consideran una inversión alternativa sean  directivos, empresarios o ex empresarios.




Racionalidad compradora

Jaume Puig. CEO & CIO de GVC Gaesco Gestión

Hemos tenido un gran primer trimestre bursátil con fuertes alzas generalizadas y una muy baja volatilidad. Las empresas han presentado buenos resultados y han reafirmado las expectativas para el conjunto del 2019 en lo que parece ser un año que irá de menos a más. Falta un mes para los nuevos resultados trimestrales y el impase puede ser un buen momento de reflexión.

El inversor podría estar tentado de tener un impulso vendedor. En primer lugar, hemos tenido una fantástica década bursátil con subidas de la bolsa europea de alrededor de un 60%, de las emergentes de un 80%, de la japonesa del 160%, y de la americana del 250%. En segundo lugar, el inversor intuye una pronta subida de los tipos de interés en la zona euro: el euribor hace ya un año que está subiendo, el tipo de depósito para los bancos iniciará la subida en pocos meses a tenor de las recientes palabras del presidente del BCE, y los tipos oficiales subirán a finales de año, con o sin lo que sería un deseable apunte previo del propio Draghi en su última reunión del mes de septiembre, como apoyo al presidente entrante. Por último, el inversor que guarda una memoria corta de lo sucedido recuerda que el año pasado el mercado hizo máximos a finales de enero, en lo que podría ser una reedición del conocido teorema de la telaraña.

La racionalidad, sin embargo, sigue siendo claramente compradora: pese a las fuertes subidas, las cotizaciones siguen siendo muy inferiores a los valores fundamentales de las empresas; la magnitud previsible de la subida de tipos dista mucho de ser dañina para las bolsas, y la memoria del inversor exitoso siempre ha sido de largo alcance. La plena captura del valor empresarial exige de subidas adicionales.

 

Artículo publicado en La Vanguardia – Sección Dinero del domingo, 31 de marzo de 2019




El Arte de la Guerra

Cristina Martín. Gestora de Patrimonios

Destacado por su amplia aplicación en el mundo empresarial, en el libro “El Arte de la Guerra” el general chino Sun Tzu enfatiza, a través de las batallas y de la experiencia que adquiere en ellas, la importancia de conocerse a uno mismo y a nuestros adversarios, de anticiparse a cualquier situación y así alcanzar el éxito en cualquier batalla por muy adversas que puedan ser las condiciones en las que se libre.

En sus numerosos conflictos bélicos, Sun Tzu adquiere un know-how que le permite ir desgranando las estrategias y las fórmulas más adecuadas para alcanzar sus objetivos, que no siempre se basan en salir victorioso de las batallas sino que en ocasiones, únicamente radican en evitar la derrota.

Como les avanzaba, dicha lectura ha sido muy utilizada en distintos foros del mundo docente dadas sus aplicaciones en el ámbito de los negocios.

En el entorno tan cambiante en el que transita hoy en día gran parte del tejido empresarial, lejos de acomodarse y de centrarse exclusivamente en el día a día, las empresas se ven obligadas a mirar hacia el futuro tanto a corto como a medio y largo plazo y tienen la misión de reinventarse de forma continuada para no quedarse atrás y sobrevivir en un mundo cada vez más complejo y camaleónico.

Citando algunos apartados del libro, pretendo compartir con el lector ciertas reflexiones que me han parecido interesantes. Destaco sobre todo los siguientes:

«Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro. Si no conoces al enemigo pero te conoces a ti mismo, perderás una y ganarás otra. Si no conoces al enemigo ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla».

«Conoce al enemigo, conócete a ti mismo y tu victoria nunca se verá amenazada. Conoce el terreno, conoce las condiciones meteorológicas y tu victoria será total».

Sun Tzu pretende en estas líneas que entendamos la importancia de conocer las fortalezas y debilidades de uno mismo, así como las oportunidades y amenazas que presenten tanto el enemigo como las circunstancias. De esta manera, con toda la información en nuestro poder, cualquiera será capaz de evaluar la situación, analizar las distintas opciones que se presenten y tomar la decisión óptima.

Los sustantivos empleados -fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas,– no están escogidos al azar: hacen referencia directa al análisis SWOT, tan utilizado para situar a una empresa en el mercado y conocer sus puntos fuertes y débiles.

Sería impensable hoy en día abogar por la sostenibilidad y la viabilidad de una compañía que no tuviera presente en qué situación se encuentra respecto a su competencia o sector y cuáles son los factores internos y externos de los que puede beneficiarse o no

Si añadimos a esta valiosa información el conocimiento del entorno, -el terreno y las condiciones meteorológicas a los que hace referencia el general chino-, la capacidad de adaptación y de transformación de la empresa aumentará exponencialmente para permitirle anticiparse a los cambios que le impongan tanto el propio mercado como el consumidor final.

A lo largo del libro, Sun Tzu pivota de forma recurrente sobre la idea de que la prudencia es una de las aptitudes más valiosas a la hora de enfrentarse a un conflicto. Como comentaba al principio, él no defiende la idea de luchar a toda costa, sino todo lo contrario: aunque parezca extraño viniendo de un general acostumbrado a ello, no predica acerca de la lucha. Hay apartados en los que mientras relata escenas de las batallas, sorprende su entereza y su capacidad para transmitir que lo importante en cualquier conflicto es salir victorioso con el mínimo esfuerzo posible.

Hacer uso de la prudencia, comprender la naturaleza de cada conflicto, contar con un liderazgo sólido y una visión clara de la situación, son, según Sun Tzu, los ingredientes principales para alcanzar el éxito y no morir en el intento. Las siguientes citas hacen referencia a ello:

“Es mejor ganar sin lucha; un buen militar es capaz de ganar al enemigo sin entrar en batalla.”

“Ganan los que saben cuándo luchar y cuándo no.”

Los matices de la prudencia: memoria del pasado, evaluación del presente y aproximación al futuro con previsión, provisión y precaución.

Las empresas que consiguen penetrar en el mercado y sobretodo que consiguen permanecer en él lo hacen gracias a esta misma filosofía. Aunque en ocasiones las compañías se vean obligadas a invertir en ciertos desarrollos para no quedarse atrás del resto de competidores, como podría ser hoy en día la inversión en tecnología, es de vital importancia que tengan una visión clara del motivo por el que lo hacen y del objetivo que pretenden alcanzar.

Sectores como el financiero o el retail llevan años invirtiendo cantidades muy elevadas de capex en plataformas que den acceso a todos sus clientes a comprar o utilizar sus servicios desde cualquier parte del mundo. El tiempo nos dirá si todas estas empresas serán capaces de sobrevivir a las exigencias del mercado aun creyendo haber hecho lo necesario.

Cada empresa es distinta y el management debe ser muy consciente de en qué batallas participa y en cuáles no.

La competencia desenfrenada que ha desencadenado el e-commerce en muchos sectores es de obligado estudio para todo aquel negocio con afán de entrar en según qué nicho, mercado o canal de distribución.

Las compañías deben asegurarse en qué invierten sus recursos para garantizar su viabilidad. Por ello, la solidez y visión del equipo gestor así como la comprensión y el estudio del entorno cambiante en el que navega, serán esenciales para garantizar la continuidad empresarial




El coste de no adaptarse

Pere Escribà. Gestor de Patrimonios

Si les citara una empresa como Nokia, uno de los adjetivos que podríamos utilizar para describirla sería el de empresa líder. Realmente, estaríamos en lo cierto. Sin embargo, tendríamos que remontarnos algo más de una década en el tiempo para que esta afirmación fuera correcta.

En noviembre de 2007, la portada de la respetada revista Forbes venía ilustrada con la foto de un hombre, aparentemente un alto ejecutivo, que sostenía de cara al público un teléfono móvil con el logo de Nokia. Ésta iba acompañada del siguiente titular: “Nokia – One billion customers – Can anyone catch the cell phone King?”.

De forma paralela, en aquel momento Apple sacaba al mercado su primer Iphone y con ello, Nokia vio cómo rápidamente se desvanecía el adjetivo de líder de su biografía empresarial.

Solo hace falta comparar la capitalización de ambas compañías para dar crédito de ello:

1999 2009 2019*
Nokia 209.432,9 33.077,7 30.423,0
Apple Inc. 10.001,8 111.813,5 858.993,4

NOTA: Market Cap en miles de euros (€)

Este es uno de los numerosos ejemplos que muestran como la tecnología modeló los cánones de la industria tradicional y consiguió que un rey fuera derrocado en poco tiempo.

El último cambio en el paradigma industrial se empezó a popularizar cuando irrumpió el prefijo “e”. Numerosas eran las portadas y los titulares de artículos relacionados con la innovación tecnológica que se centraban en temáticas como el e-commerce, el e-mobility o el e-home, entre otros.

Todo ello catapultó nuevos campos en la industria como los servicios de pagos digitales, plataformas de servicios en streaming, el social media o las fintech, entre otros.

En consecuencia, durante los últimos años los grandes eventos tecnológicos como el Mobile World Congress, celebrado en Barcelona, presumen de anticipar al público de todo el globo terráqueo las últimas joyas desarrolladas por las compañías que a priori encabezan esta era digital.

Como ustedes bien saben, el significado de “e” es “electronic”. Éste no solo se refiere a la  implementación de las nuevas tecnologías, si no que engloba todo un entrelazado entre las empresas y los agentes económicos que participan en el proceso

A raíz de ello, poco a poco las grandes empresas dejan de estar encasilladas explícitamente en un sector en función de su actividad, con el objetivo de avanzar y ganar competitividad frente al resto de players del mercado.

Para ponerles un ejemplo, ya podemos ver empresas de maquinaria pesada trabajando conjuntamente con empresas puramente tecnológicas en procesos de servicios de cloud, I+D+I o tecnologías de la información (IT). Todo ello, con el fin de ofrecer mejoras en los procesos de explotación y recolección de datos tanto para la propia empresa como para el usuario final.

Todos estos cambios provocan en los usuarios nuevas necesidades y, en consecuencia, surgen nuevos hábitos de consumo. Ello deriva en nuevos productos / servicios y, de forma automática, se generan nuevos empleos ganando así mayor competitividad (nada nuevo que no se enseñe en teoría económica).

Si lo ilustramos en casos reales, vemos como los usuarios han pasado de comprar gadgets de reproducción a pagar mensualmente una tarifa para tener acceso a un universo infinito de música, como con el caso de la Sueca Spotify.

Y es que los datos hablan por sí solos. La plataforma de música cuenta con 200 millones de usuarios de los cuales 96 millones son cuentas de pago. Otro dato de gran relevancia es que se esperan crecimientos anuales de doble dígito para los próximos diez años, pues aún les queda mucho mercado por penetrar.

Todo ello se produce a raíz de la premisa de querer mejorar la experiencia del usuario final y siempre pivotando sobre el triángulo: Empresas (negocio, datos), Usuarios (nuevas demandas) y Cultura (nuevas herramientas).

Si recuerdan, la introducción de este post evidencia que no es algo nuevo en el mundo empresarial (¿Alguien de ustedes utiliza un Nokia como Smartphone?).

Así pues, vemos como en conjunto los factores disruptivos han evolucionado hacia una economía disruptiva.

Haciendo un punto y aparte, y teniendo en cuenta lo comentado hasta el momento, es importante tener presente que cuando nos paramos a analizar cualquier empresa tradicional es sumamente importante visualizar qué le deparará su entorno en los años venideros y responderse a la pregunta de si será capaz de seguir teniendo cabida en un mercado tan cambiante

Hay numerosas preguntas a responder. ¿La irrupción de las nuevas tecnologías generará mayor competencia?; ¿Podrán entrar en el negocio empresas que hasta el momento realizaban otro tipo de actividad?

Brevemente podríamos hacerlo con los casos de Amazon o Google. Empresas que por recopilación de datos de sus usuarios y por volúmenes de caja neta podrían reinventarse con mayor facilidad que otras, llegando incluso a adentrarse en el sector bancario, entrar en el negocio asegurador o incluso irrumpir en el sector sanitario.

Lo importante para el resto de mortales será una vez más aprender de la historia y ante todo focalizarse en ver cómo reaccionar ante esta situación para no repetir errores pasados.

Si ponemos el foco en Europa, es evidente que a día de hoy estamos un paso por detrás de EE.UU, cuna de las empresas tecnológicas. Sin embargo, no todo es tan negativo en el Viejo Continente.

En el caso de Barcelona, informes como el que elabora anualmente la prestigiosa firma de consultoría PWC, sitúan a la ciudad Condal entre las principales ciudades de mundo más preparadas para el futuro tecnológico, solo por detrás de Singapur, Londres y Shanghai

Otra gran firma como KPMG la posiciona entre las diez principales áreas urbanas del mundo en captación de proyectos de inversión extranjera, por detrás de Londres, New York y Berlín.

Esto nos deja un claro de luz y es que el continente Europeo está pasando a ver la tecnología como una oportunidad en vez de verla como una amenaza.

Con todo, será de vital importancia que el tejido empresarial europeo se adapte lo antes posible a los nuevos retos de la era digital si no quiere ver desvanecido su liderazgo de su extensa biografía empresarial.




Ebro Foods, Saint-Gobain y Cellnex: Tres valores infalibles para triunfar el Día del Padre

Víctor Peiro. Director General de Análisis

No vuelvas a regalar otra corbata a tu padre este 19 de marzo. El Día del Padre tienes la oportunidad perfecta para agradecerle a tu progenitor el amor y la paciencia que tuvo contigo con algo más original. Te proponemos tres valores bursátiles que están destacando en sus respectivos sectores durante el primer trimestre del año y que constituyen una apuesta segura para regalar en este día tan especial.

En primer lugar, tenemos el obsequio ideal para los amantes de la gastronomía. Si tu padre tiene como ritual familiar lanzarse a la calle cada fin de semana en busca de nuevos restaurantes y dejarse seducir por los menús degustación más foodies, el equipo de análisis de GVC Gaesco Beka considera que Ebro Foods le apasionará. Se trata de una compañía del sector de la alimentación que se ha consolidado en los últimos años cómo líder.

En segundo lugar, también tenemos el regalo ideal para el típico manitas. Si tu padre es un fan del bricolaje y es de los que disfruta reparando enchufes, montando muebles y cambiando baldosas, el equipo de analistas no tiene duda de que Saint Gobain es una apuesta segura. Resaltamos el potencial de este valor en un contexto en que el mercado de la construcción y de la vivienda en Europa se está recuperando.

Por último, tenemos a los más modernos y que han hecho de los gadgets tecnológicos su principal pasión. Si tu padre se considera un techie que ya está pensando en comprarse el móvil de doble pantalla, sabemos que Cellnex puede ser su gran aliado, pues esta compañía de infraestructuras tiene un buen potencial de crecimiento ante el desarrollo de nuevas tecnologías como el 5G.